Semillas al viento

Documentos para reflexionar


Este documento aquí ofrecido es para la reflexión y el aprendizaje, no necesariamente manifiesta las idea del grupo, o de alguno de sus participantes.


Para el filósofo John Holloway algunos de los movimientos sociales en la actualidad persiguen "Cambiar el mundo sin tomar el poder".

El irlandés John Holloway radicado en Puebla, México, escribió un libro polémico ( "Cambiar el mundo sin tomar el poder" ) donde critica el anhelo de los marxistas de hacer la revolución tomando el poder del Estado. Partiendo de la propia teoría del fetichismo de Marx, Holloway muestra que Estado, (al igual que valor o dinero) es un concepto ilusorio, « un nudo en la tela de relaciones de poder» (pág. 19). El Estado no es una herramienta que se puede usar bien o mal, sino una parte inseparable del sistema capitalista cuya función es engrosarlo. La idea es que desde el Estado se puede hacer cualquier cosa menos una revolución.

El propio Marx rechazaba al Estado y proponía en su lugar "Comunas Libres Asociadas" una idea más afín al anarquismo y el socialismo utópico de la época. Lo que le molestaba a Marx era el poder entendido como "poder sobre", es decir un poder que resulta de la ventaja de unos a partir de la alineación y la atomización de las relaciones de otros. En todo caso, el Estado debía pasar de la "administración de las personas a la administración de las cosas".

Las redes interpersonales, como la de los clubes de trueque, donde el "poder hacer" se divide entre todos los integrantes constituyen, desde este punto de vista, otras formas de cambiar el mundo sin tomar el poder. Lo que hacen es redistribuirlo. Pero no nos engañemos, el poder es como las brujas "que las hay las hay" y no es un tema de poca importancia. Tiene poder el que puede poner una distancia contigo, ya sea desde un medio masivo de comunicación, la cúpula de un partido político, el gabinete de un ministro, un púlpito, un satélite de la guerra de las galaxias o un paraíso financiero. Pero cuando esa distancia se acorta, los poderosos ya no lo son tanto y empiezan a preocuparse. Así se construye poder, pero generalmente quienes lo construyeron después no quieren soltarlo. Por eso, lo que hizo el Club del Trueque, con miles de nodos y cientos de redes fue un ejercicio de democracia y horizontalidad que debería ruborizar a más de un progresista trasnochado. Finalmente el poder no se toma ni de da, se hace poder al hacer, transformando al mundo.

Otro tema controversial es el de la toma de los medios de producción. Algunos marxistas solidarizados con la experiencia del trueque como Martín Juárez y Omar Arellano nos reprochan diciendo que negamos la necesaria lucha por tomar la propiedad de los medios de producción. Ellos creen que "la mejor forma de defender estas nuevas experiencias de autodeterminación, es desplegando en nuestro programa la autonomía política respecto a la dominación burguesa". Sería bueno que se enteraran que ya tenemos nuestros medios de producción y nuestra autonomía política. Su error es creer que el trueque es una economía de subsistencia. Piensan que nuestras "islas de dignidad" no se podrán extender "gradualmente" al conjunto de las mayorías explotadas y oprimidas, porque siguen sosteniendo la idea romántica y pequeño burguesa de una vanguardia conduciendo a las masas al paraíso revolucionario. Es cierto, no nos preocupamos por "el control de los principales medios de producción" porque no nos hacen falta, ni por "la entrada en escena de la clase obrera" porque la función está suspendida.

Hoy queda más claro que nunca que no es la propiedad de los medios de producción lo que importa. El dueño de estos medios es un "medio," apenas un engranaje de una maquinaria que quiere quedarse con el mundo y un poco más. En la Argentina hay una cantidad de fabricas tomadas por sus obreros que deben manejarse en términos de economía de mercado. En cambio hay miles de prosumidores en los clubes de trueque dueños de su producción y su mercado, que entablan relaciones caracterizadas por la reciprocidad (precapitalista) y liberados de cualquier rol de patrón, empleado o socio. Una idea inquietante que se le ha pasado por alto a críticos del trueque de pequeña talla como el Partido Obrero

El punto débil del capital es que este se nutre de la concentración del poder financiero y para eso todavía necesita de la circulación de dinero a través de la cinta sin fin del mercado. Pero hay formas de producción y consumo que no dependen imperiosamente del capital ni del mercado. Son formas autónomas y autogestivas de construir un mundo para y por las personas. Los clubes de trueque son otro ejemplo de ello.

El italiano Toni Negri dijo que el Club del trueque es una forma de contrapoder y todos los reaccionarios se nos echaron encima. Gracias Toni, el término es fuerte pero no nos encaja. Lo nuestro tiene que ver más con un proceso de autogestión y autoorganización, donde el concepto de poder es pulverizado por las relaciones cara a cara. Una lenta evolución hacia la autonomía alejándonos de la dominación.

Tal vez lo que le produce más perplejidad a los marxistas (como Adán en el día de la madre) es la falta de lucha de clases en el seno de la red de trueque. Aquí coincidimos plenamente con John Holloway cuyas palabras parecen describir el pensamiento vivo de los prosumidores: "No luchamos como clase trabajadora, luchamos en contra de ser clase trabajadora; en contra de ser clasificados. Nuestra lucha no es la del trabajo alienado: es la lucha contra el trabajo alienado." (pág. 210). O en palabras de Cyril Smith: "La única forma en que puede ser comprendida la revolución es como la auto-emancipación de la clase trabajadora."

También hay un párrafo brillante de Aldo Andrés Romero:

"Si una nueva sociedad debe surgir de la revolución, sólo podrá constituirse a escala "supranacional" (continental o al menos regional) quebrando el viejo poder y apoyándose en el poder de organismos autónomos de la población, que operen en todas las esferas de la actividad: en la "política", pero también en la producción y la economía, y en la vida cotidiana. Vale decir: autoorganización y autogobierno capaces de poner en cuestión todas las esferas de la vida social. Más que esperar que de la noche a la mañana se logre la "disolución" del Estado, la propiedad privada, el dinero o el trabajo asalariado, se trata de impulsar el proceso revolucionario asumiendo la solidaridad de los elementos de la vida social, razón por la cual nada deberá quedar por fuera de la actividad instituyente de la nueva sociedad. "

Holloway estuvo tres semanas en la Argentina y quedó muy impresionado con la experiencia del Club del Trueque. En una entrevista con Vittorio Sergi en Italia confiesa que nunca había visto un movimiento con tal efervescencia. Para él es un intento de desarrollar una sociabilidad que no pasa a través de las puertas del capital. Puede parecer un experiencia micro pero no tan micro, "ya que cualquier noción de cambio social o cualquier entendimiento de lo que está pasando tiene que estar basada en la experiencia cotidiana. "

Luego se pregunta: " ¿Cómo conectar estos proyectos alternativos, entre sí y con la sociedad en general? Si se hace a través del mercado, terminan dominados por el mercado. No se puede hacer a través de la introducción de una planificación central porque esto supone estructuras que no existen y que no pueden existir en este momento. La articulación se tiene que hacer desde abajo, de forma experimental. En Argentina actualmente, el movimiento de trueque en sus mejores manifestaciones es un intento de desarrollar otras formas de articulación entre productores y consumidores (prosumidores), pero todavía está en sus inicios."

Para concluir, creo que muchas organizaciones sociales estamos "articulando desde abajo" para cambiar el mundo. Lo hacemos con modestia, cometiendo errores y aprendiendo de ellos. Debemos ser más tolerantes y observadores en nuestras discusiones, ya que corremos el peligro de terminar luchando contra nosotros mismos. necesitamos darnos más a la vida, reír más como hacen los niños, gozar de un día de domingo y abandonar ese espíritu de pesadez de las ideologías. Como dice Daniel Bensaïd:

"Sabemos que el capitalismo no es eterno y que urge librarse de él antes de que nos aplaste. Es el primer sentido de la idea de revolución. Expresa la aspiración recurrente de los oprimidos a su liberación. «revolución». Después de un ciclo de experiencias, la mayor parte de las veces agrias, confrontados con las metamorfosis del capital, nos cuesta en cambio imaginar la forma estratégica de las revoluciones por llegar. Es este tercer sentido de la palabra el que se nos escapa. No es tan nuevo: nadie había programado la Comuna de París, ni el poder de los soviets, o el Comité de Milicias de Cataluña. Estas formas «por fin encontradas» del poder revolucionario nacieron de la propia lucha y de la memoria subterránea de las experiencias pasadas."

Carlos De Sanzo